La hija de Kafka

Lunes 18 de mayo de 2009
por Mónica Sánchez Fernández
popularidad : 8%

Milena cree ser la hija secreta de Franz Kafka. Dispuesta a convertirse en novelista de éxito, se traslada a México en busca de inspiración, pero el amor loco hacia su enigmático vecino la aleja de su verdadera misión: devolver la dignidad, mediante la escritura, a Julia Pastrana, una voluntariosa mujer barbuda del siglo XIX. La vida de ambas mujeres se une en esta novela que habla de soledad, belleza, creatividad y amor. Mónica Sánchez emplea el humor negro, el absurdo y una sensibilidad extrema para crear a dos personajes femeninos llenos de fuerza.

La hija de Kafka

Lo he escrito varias veces, pero conviene repetirlo: es triste imaginar todos los libros excelentes que cada año caen en el olvido, víctimas de un sistema leonino que da pocas oportunidades al 90% de las publicaciones. Siempre he pensado que habría que arbitrar una forma de dar una verdadera oportunidad a un puñado de esos grandes libros que a veces ni siquiera pasan por la mesa de novedades, quizá porque vienen de mano de una editorial modesta sin presupuesto para promociones, quizá porque su lanzamiento coincide con el de media docena de best sellers más rentables editorialmente que la ópera prima de un autor desconocido. Hasta que demos con el bálsamo de fierabrás, con la piedra filosofal, o la vulgar varita mágica para aupar al lugar que merecen a esas buenas historias, propongo que de vez en cuando nos esforcemos por salir de los circuitos habituales y hagamos lo posible por dar con uno de esos títulos que, siendo excelentes, tienen por delante una larga noche de piedra, que diría mi paisano Celso Emilio Ferreiro.

Yo lo he hecho hace una par de semanas, obteniendo como recompensa el hallazgo de una novela estupenda, "La hija de Kafka", escrita por Mónica Sánchez y publicada por El Andén. "La hija de Kafka" cuenta las historias cruzadas de dos mujeres, Julia Pastrana, un personaje real que vivió convertida en fenómeno de feria, y la desdichada Milena, aspirante a novelista que pretende ser descendiente del mismísimo Franz Kafka. La historia, delirante y tierna, tiene brillantes momentos de humor que llevan a la orilla de la carcajada. Yo digo siempre que desde la literatura es mucho más fácil hacer llorar que hacer reír, pero con "La hija de Kafka" me reí con ganas en un par de ocasiones.

A pesar de su patetismo, de su ridiculez, Milena es la mujer en la que todas las mujeres del mundo pueden verse reflejadas: es la hembra dispuesta a cambiar por amor, a someterse a un absurdo proceso de metamorfosis como estrategia para conquistar a la persona amada. Por eso, al margen de su comportamiento hilarante, de la conducta penosa de la pobre Milena, Mónica Sánchez ha sabido crear un hilo invisible de identificación entre su personaje y las lectoras.

Es una novela magníficamente escrita, con una prosa depurada y sobria, vibrante a veces, sabiamente contenida otras, de forma que casi desconcierta el saber que es la primera obra de ficción de su autora. Por eso me descorazona no ver "La hija de Kafka" mejor colocada en las librerías, o más generosamente citada en suplementos literarios y otros escaparates del ramo de las letras. Hay más libros así sepultados tras la ingente montaña de novedades que asedian al pobre lector desde los cuatro puntos cardinales del desmadrado negocio editorial. Nos perdemos muchos de esos libros. Intenten, por favor, no perderse éste.

Reseña de Marta Rivera de la Cruz, finalista del premio Planeta en 2006.

“Una historia de locuras y soledades que rescata el verdadero sentido de la belleza y la dignidad.”

Por Cristina Menéndez Maldonado

El pasado 14 de abril, la “Flauta Mágica”, punto de encuentro habitual de amantes del teatro y la comedia, fue el lugar elegido para la presentación de “la hija de Kafka”, primera novela de ficción de la periodista Mónica Sánchez, autora además de tres ensayos dedicados a personas sin hogar: “A ciegas”, “En dos” y “Sólo luna”. La Sonata en Sol menor para piano y chelo de “Rachmaninoff”, propició la metamorfosis. Entre párrafos teatralizados, comedia y música, Milena, la “hija de Kafka”, se asomó tímidamente entre bambalinas. Los escritores Marta Rivera de la Cruz, Mamen Sánchez y Mario Vaquerizo, debatieron la mutación de Milena por amor y sus locuras, fruto de la soledad. En paralelo cobró vida el drama de otra mujer tocada por la crueldad; Julia Pastrana, la dama-títere exhibida en ferias y circos, la hembra barbuda del siglo XIX que soñaba con ser amada tal cual era. Ingenuo heroísmo...

Una historia que a dos tiempos exhibe entre la creatividad, el humor negro y el absurdo, las vidas de dos mujeres tocadas por el desamor. Su autora, Mónica Sánchez ha propiciado ese juego ficticio entre ambas, separadas por la irrealidad, unidas por el desastre, que a través de un juego literario brillante, de lúcidas metáforas, descarnada retórica y final inesperado, describe una realidad latente; “la arriesgada aventura de ser amado por uno mismo, sin adornos; en estado puro”... Tras del telón, lejos de focos y aplausos, imaginé un encuentro con ellas. Julia esperaba paciente en su jaula de fieras el próximo show y mientras, Milena, escribía las desventuras de la dama barbuda, con aires de Kafka despreocupado. Mónica las observaba en silencio y aproveché el momento para entrevistarla.

¿De donde nace ese impulso de escribir? ¿La escritura te sirve de “catarsis” aún sin proponértelo?

Escribir nace de las ganas de multiplicar la vida. Siendo adolescente leí una frase de Mario Benedetti: “Los otros que invento dicen a veces cosas que yo no hubiera sido ni aunque fuera otro”. Esa posibilidad me da aliento, me permite respirar. Pienso que inevitablemente escribir es una forma más de escribirte.

¿Y ese primer encuentro con tu novela terminada, como lo viviste?

Nunca la ves terminada, siempre encuentras flecos que podrían reescribirse, la palabra inoportuna, la costura que no es tan invisible como querrías. Escribí “La hija de Kafka” escuchando sin descanso la Sonata en Sol menor para Chelo y piano de Rachmaninoff. La música dio el ritmo, y la historia fluía en torno a Milena -una aspirante a escritora en México- y su personaje, Julia Pastrana, una mujer barbuda del siglo XIX.

Si Julia y Milena se encontrasen, ¿cuál sería la reacción de ambas?

Me gustaría creer que Milena, como lo hace en la novela, sabría ponerse en la piel de Julia, y Julia en la piel de Milena. Si hay algo que extraño en el día a día (de la vida cotidiana y de las vidas de ficción) es la empatía.

El juego poético y argumental de conexión que propones entre ambas mujeres pertenecientes a épocas tan diferentes, ofrece una visión atemporal de un problema que aún hoy vivimos.

En tu opinión, ¿la sociedad de hoy con respecto al siglo XIX ha cambiado o se ha recrudecido aún más?

Creo que en cierto sentido se ha “civilizado”, pero no soy ingenua: los mecanismos de ejercicio abyecto del poder siguen vigentes. Quizá, más sutiles, pero siguen vigentes.

¿Qué destino le augurarías hoy a una mujer como Julia Pastrana?

Probablemente, el mismo. Sería mono de feria. Eso sí, en 625 líneas.

¿Cuál es el alma de tu novela, la moraleja entre líneas que quieres transmitir?

No me gusta eso de las moralejas. Más bien quería transmitir una historia de soledades brutales. Creo que el aislamiento social es la más mortífera de las armas contra la humanidad. Y vamos camino de convertirnos en islas.

¿Crees que el humor negro es el recurso más sutil para mover conciencias?

Creo que el humor negro es un recurso para que tu conciencia no se deje vencer por la desesperación. El humor nos hace humanos. Nos salva.

¿A Milena lo que no fue capaz de matarla la hizo más fuerte? ¿Julia Pastrana es su batalla y a la vez su catarsis?

Milena muere a diario por su soledad, por sus fantasmas, por la brutal inseguridad que la rodea, como mujer, como ser humano. Julia Pastrana es su contraria: la fortaleza cuando todo parece perdido. La dignidad, ésa que se tambalea constantemente en “La hija de Kafka”. Julia Pastrana es quien incita a Milena a preservar su dignidad por encima de todos los circos en los que nos vemos envueltos.

¿Crees que el ser uno mismo es una maravillosa e irreverente locura en estos tiempos que corren?

Creo que ser uno mismo sin perder la perspectiva del otro, siendo capaz de ponerse en su piel, es una locura necesaria.

Tras la entrevista, releo el comienzo de la novela, vuelvo a sumergirme en las locuras de Milena. Comprendo su obsesión... Tan sólo una forma extravagante y excedida de conjurar la soledad.


Editorial: El Andén
Páginas: 144
Precio: 15 euros
Publicación: marzo 2009
ISBN: 9788492475810